Destino Suburbano
La música siempre estuvo allí. Siempre, sin lugar a ninguna duda. Siempre. Durmiendo como un animal tristemente apaciguado por el conformismo ajeno, en el sopor de infinitos noes, peros, porqués y otros desaires.
La música; acumulando energía, aguardando como un tigre hambriento deseoso de dar su zarpazo. Cuando tuvo la oportunidad, nació de ese afán Destino Suburbano, obligado a ser o ser.
Porque nunca nada es mejor que ser uno mismo… en la calle, en tu casa, con tus amigos, en tu laburo, con tus odios, con tus amores, frente a frente, en una guitarreada, en un peña, en un recital, en una conversación abierta. Eso es madurar, es hallar el sitio anhelado en este mundo para ocuparlo, dejando de lado, la metamorfosis hipócrita por caer bien y agradar.
Solo me adapto a mi mismo y este molde me queda cómodo. Y si no les va la onda, no me preocupa. Nadie tiene la obligación de ampararme por orfandad de aplausos, pelearla solo es mejor que mentirse a uno mismo, por eso soy Destino Suburbano.
Este sentimiento de bestia enardecida, fue amortiguando sus fauces a través de ensayos, ensayos, puteadas, ensayos, ensayos, sonrisas, bajones, ensayos, ensayos.
Luego, detener nuestro paso para saber donde íbamos. Parar unos meses, sin salir a tocar(o cazar para asesinar mentes simples), sin salir a ninguna parte, para afilar los cuchillos del trabajo prolijo, replantear ideas, amalgamar nuestros modos y conocernos en equipo.
Quienes están con nosotros desde el principio (y los que se fueron) saben de nuestro acecho por lo nuevo y el goce perpetuo de destruir los moldes ajenos, para liberar el alma, satisfacer nuestras percepciones y encontrar la alegría, para encontrarnos en otros caminos y ser libres, por eso mismo, mi destino es suburbano.